Hoy quiero hablarte de una tema algo más real y “crudo”. Que toca directamente la fibra sensible de algunos y es que tiene que ver con la conveniencia de la economía global. Tiene que ver con el trabajo.

Cada vez trabajamos más y la demanda del sistema global evoluciona hacia eso. A ser cada vez más activos y a la vez, a poder ser más eficientes.

Pero… ¿cómo están diseñadas nuestras mentes? ¿Realmente nuestra evolución natural nos está facilitando trabajar bajo este tipo de intensidad y demanda?

Dale al play, míralo en vídeo 😉.


 

Según los estudios, parece que no. Nuestra mente no está preparada para trabajar a estos ritmos de trabajo, o al menos, no en la misma forma y proporción que demanda la economía global.

 

¿Y sabes quién o qué acusa esa desalineación con nuestra evolución natural?

Tu cerebro. Y por ende tu cuerpo, al somatizar los problemas de tu cerebro, y por ese orden, tu salud.

Todo esto quiere decir una cosa muy clara: cuanto más avance la tecnología para supuestamente facilitarnos el trabajo que desempeñamos, más forzamos nuestro cerebro fuera de su área natural para desempeñar tareas.

En 2009 un estudio publicado por el The Journal of American Epidemiology concluyó que trabajar más de 50 horas semanales puede deteriorar el área del cerebro encargado de la memoria y la toma de decisiones.

En 2016 otro estudio publicó que las personas mayores a 40 años que trabajan alrededor de 40 horas a la semana son mucho más propensas al envejecimiento prematuro de las capacidades cerebrales.

Varias partes de tu cuerpo y de tu vida se ven afectadas cuando trabajas más allá de las capacidades de tu cerebro.

El sueño, los hábitos, el estilo de vida, el rendimiento físico el control emocional.

Así que veamos en más detalle cuales son los factores fomentan esa disminución constante de tus funciones físicas y cognitivas y que deberías evitar a toda costa para mejorar tu calidad de vida a largo plazo.

 

Saturación de información

Tu mente está constantemente recibiendo información desde muchas fuentes distintas, de las que eres y de las que no eres consciente. Tu cerebro trata de procesar y lo hace instintivamente. Realmente se puede controlar muy poco de todo lo que procesa tu mente. Es importante que sepas y percibas que después de un determinado momento del día, tu mente se vuelve más lenta, te sientes más espeso de pensamientos y te cuesta más decidir qué hacer o qué pensar. En este momento siempre es buena idea dejarlo. Evadirte por completo de las tareas que te han saturado y contrastarlo con otras distracciones o descanso.

Malos hábitos de trabajo

Estrés mal gestionado

El trabajo normalmente nos requiere mantenernos concentrados y alertados. Esto puede significar que no buscamos en ningún momento de las 8,10 o 12 horas laborales diarias, relajarnos de las tareas que realizamos. Continuamos en “modo lucha” según nuestro primitivo cerebro y por tanto, no paramos de liberar la hormona de cortisol. Y excedernos con el tiempo y segregación de cortisol, puede mantenernos en un estado de estrés crónico o desequilibrios y alteraciones que repercuten en un sinfín de trastornos de somatización para el cuerpo. Y estos trastornos son difíciles de diagnosticar a veces incluso atribuyendo la causa al estrés.

Malos hábitos de trabajo

Sedentarismo extremo

Por suerte o por desgracia, todos los tipos de trabajo que hasta hace muy poco requerían de un mínimo de actividad física, están derivando trabajos muy rutinarios que demás son ultra sedentarios.

Paradójicamente, todo este avance tecnológico y científico creado para facilitarnos y acomodarnos la vida, basada en los preceptos de una supuesta conveniencia para ahorrar tiempo, nos está perjudicando y no se puede decir que poco.

Menos ejercicio físico pero más estrés mal controlado, significa descompensar la segregación de hormonas como el cortisol, con menor flujo sanguíneo y mala regulación del resto de hormonas para aliviar estrés, como la serotonina y la dopamina. Consecuencias directamente relacionadas con problemas cardíacos u obesidad, y falta de rendimiento cognitivo.

Eludir el sueño natural y falta de este

El sueño es imprescindible para que importantes procesos cognitivos tengan lugar y otros, solo se restauran cuando llevamos ciertas horas de sueño. Los médicos recomiendan un mínimo de 7 horas, pero hay personas que se conforman con 4 horas de sueño.

Si sumamos las pocas horas de sueño a la alteración artificial al que exponemos a nuestro cerebro; por la iluminación artificial, estimulantes sintéticos o estímulos antinaturales de las pantallas y entretenimientos como la televisión y los videojuegos, mezclamos un montón de factores que nuestro cuerpo no sabe interpretar, creando más desequilibrio si cabe.

También afectamos a la consolidación de la memoria de largo plazo. Cuando no descansamos nuestro cerebro correctamente, este proceso de consolidación se ve afectado. Ten en cuenta que la información que recibimos durante todo el día, se ve asentada y madurada durante la noche.

Eso hace que al día siguiente, veamos todo lo del día anterior con mucha más claridad y podamos ser más resolutivos con lo aprendido.

 

Para concluir y resumir un poco lo dicho, podemos decir que todas estas alteraciones pueden variar en función de la persona, sus capacidades particulares y su condicionamiento o ámbito.

Sin embargo, y donde no cabe discusión es que si evitamos o corregimos, en la medida de lo posible, ser víctimas de los estragos que afectan a nuestra mente, lo veremos recompensado en el largo plazo.

Y hasta aquí el post de la semana. Espero que no te haya resultado demasiado dramático 😆

Cuéntame en los comentarios si tu también percibes estos efectos de cansancio y agotamiento relacionados con el estrés laboral o si por el contrario ya eras consciente de ellos y por tanto disfrutas de una vida más relajada por llevar a tiempo y sin contratiempos todas tus tareas.



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