Como cualquier otro músculo del cuerpo, la memoria no sólo hay que cuidarla sino que hay que ejercitarla de forma regular. Hay muchas maneras de hacerlo, y elijas la que elijas, lo mejor es adoptar una rutina diaria.

No tiene por qué ser algo complicado, ni siquiera tienes por qué descargarte una aplicación para ello. Lo bueno de la mente es que la llevamos siempre con nosotros y la estamos usando prácticamente todo el día, nos demos cuenta o no.

Lo que te sugiero hoy son unos ejercicios realmente sencillos y que, seguro, no sólo tendrán una mejora en tu memoria. Son tres que puedes hacer en menos de un minuto mientras vas al trabajo, en los ratos muertos o entre clase y clase. Y, además, te dejo un propósito adicional que de verdad pondrá tu cerebro a trabajar.

 

1. Memoriza números de teléfono

Esto es algo que, dependiendo de la edad que tengas, quizá todavía haces. Pero los más jóvenes sencillamente no lo ven como una necesidad sino como un tedio. Apuntarlo en el móvil es más rápido, desde luego.

Sin embargo, yo te propongo que empieces a memorizarlos de nuevo. Empieza por los más importantes, tu casa, tus padres, tu pareja… Uno cada día. Puedes escribírtelo en un papel o en la mano y memorizarlo mientras vas en el coche o de camino al trabajo en metro. Dedícale un minuto, no más.

Un poco más tarde, ese mismo día, repásalo un par de veces. Y ya que estás, siempre puedes aprovechar y hacer una llamada breve a esa persona sin mirar el número para asegurarte de que lo has aprendido de verdad.

Al día siguiente, comienza con otro, pero no te olvides de repasar el anterior para asegurarte de que se queda.

Sé que da algo de pereza, pero si te lo propones firmemente, verás cómo con los días se hace más y más fácil.

 

2. Hora de desenpolvar las matemáticas

Hacer cálculos mentales es uno de los ejercicios que más demanda de nuestra mente. Entiendo perfectamente por qué mucha gente pone la excusa de “es que yo soy de letras”, pero creo firmemente que todos deberíamos hacer el esfuerzo.

Las matemáticas no son sólo un ejercicio de cálculo, sino también de imaginación. Tienes que visualizar y cuantificar sin requerir de papel o bolígrafo.

Personalmente recomiendo empezar por sumas y restas sencillas e ir escalando desde ahí, a no ser que estés acostumbrado a realizar operaciones mentales. ¡En ese caso estás haciendo un trabajo excelente!

 

3. La famosa lista de la compra

¿Qué te falta? ¿Se te ha olvidado algo? ¿Era una una docena de huevos o sólo media?

Y ojo, quien dice lista de la compra dice lista de tareas que hacer, de nombres de ciudades o la tabla periódica. Si te atreves, incluso puedes hacer una lista de objetos propios que te llamen la atención mientras caminas por la calle.

Trata de memorizarlos y recordarlos más tarde, igual que los números de teléfono. En poco tiempo ya no necesitarás papel y boli para saber lo que tienes que hacer o si se te ha pasado algo.

 

Como ves, mantener la mente en forma para prevenir el deterioro con ciertas edades es realmente fácil. No es un trabajo arduo o complicado, pero hay que quitarse la pereza de en medio. Y, créeme, es mejor hacerlo hoy que mañana.

No tienes por qué hacerlo todos: escoge una y empieza por ahí. Pero además, quiero proponerte un ejercicio a largo plazo que seguro que va a mantener tu memoria ocupada:

Aprende un nuevo idioma

Me parece increíble la gente que sabe dos o más idiomas y que además es capaz de hacer traducciones simultáneas de uno a otro.

Aprender un idioma supone, no sólo memorizar palabras sino aprender muchas estructuras nuevas que van a agilizar tu cerebro sin lugar a dudas. El objetivo último es interiorizarlas hasta el punto en que sea natural hablar en dicho idioma, algo que es asombroso.

Esta clase de ejercicio es muy beneficioso y, aunque creas que eres demasiado mayor para hacer algo así, déjame decirte que es todo cuestión de práctica y de ponerse a ello. Un idioma no se aprende en dos días ni en dos años, es un proceso sumativo y muy enriquecedor.

¡Anímate a ello!

Pero si un idioma no te convence del todo, otra buena alternativa es seguir agilizando tu mente a través de la lectura, como ya hablamos anteriormente. Trabajar tu comprensión y la coordinación vista-objeto (o en este caso letras), es una práctica muy útil no sólo para despertar la mente con ideas e historias nuevas mientras lees, sino también para mejorar tu concentración y velocidad lectora.

Prueba unos simples ejercicios y trucos que encontrarás en la Guía Definitiva de Lectura Rápida cada vez que vayas a leer y verás como tras unos minutos leyendo tu mente empezará a agilizarse. La mejora parece sutil al principio, y en unas semanas notarás realmente cómo tu mente navega por el texto con mucha más fluidez.

Y tú, ¿cómo vas a mejorar tu memoria esta semana? Cuéntamelo en los comentarios.