El lenguaje corporal influye en cómo nos ven los demás, pero también puede influir en cómo nos vemos a nosotros mismos.

Imagínate una persona poderosa, segura de sí y fuerte delante de ti. ¿Qué tipo de postura tiene esa persona? Sin lugar a dudas, la persona delante de ti está de pie, erguida y con la cabeza levantada. Es una persona que parece a punto de comerse el mundo.

Nuestros cuerpos tienen un lenguaje propio y sus palabras no siempre son amables. Tu lenguaje corporal probablemente se ha convertido en una parte integral de lo que eres, hasta el punto que puede que ni siquiera pienses en ello.

Si ese es el caso, es el momento de empezar, ya que podrías estar saboteando tu carrera y tu vida personal.

Generalmente, si pensamos en lo no verbal, hablamos de cómo juzgamos a los demás, sin embargo, tenemos la tendencia de ignorarnos a nosotros mismos. Todos estamos influenciados por nuestros propias expresiones no verbales, pensamientos, sentimientos y por nuestra fisiología, pero hoy voy a enfocarme en las expresiones no verbales de poder y dominio.

En el reino animal, se trata de la expansión. Creces, te expandes, tomas espacio, básicamente, te abres. Y esto es así en todo el reino animal, no sólo en primates, los humanos somos iguales. Extendemos los brazos cuando nos sentimos poderosos continuamente y también cuando es algo temporal. Esto es especialmente interesante porque nos muestra verdaderamente qué tan universales y antiguas son estas expresiones de poder. Las personas videntes, igual que las invidentes de nacimiento, hacen esto cuando ganan en una competición. Así, cuando alguien cruza la meta y gana, no importa si no han visto a nadie hacerlo, alzan las manos en forma de V y levantan la cara.

Y ¿Qué hacemos cuando nos sentimos inseguros?

Exactamente lo contrario. Nos cerramos, nos envolvemos, nos hacemos pequeños. No queremos tropezar con los de al lado. Nuevamente, los animales y los humanos hacemos lo mismo. Esto es lo que sucede cuando se juntan el gran poder con la inferioridad. Si se trata de poder, tenemos la tendencia a complementar los gestos no verbales de los otros. Si alguien se muestra muy poderoso con nosotros, tenemos la tendencia a hacernos pequeños. No lo imitamos, hacemos lo contrario.

Ahora, alguna vez te has preguntado, ¿En qué se parece el cerebro de un poderoso al de alguien sin poder?

Los poderosos tienden a ser más positivos, a tener más confianza, más optimismo. Piensan que pueden ganar inclusive en juegos de azar. También tienden a pensar más en forma abstracta. Son más arriesgados. Hay muchas diferencias entre los poderosos y los que no lo son. Fisiológicamente hablando también hay diferencias en dos hormonas claves: la testosterona, que es la hormona de la dominación, y el cortisol, la hormona del estrés. Lo que se ha visto es que los líderes poderosos y efectivos, tienen alta la testosterona y bajo el cortisol. Si se habla de poder, la gente piensa solamente en la testosterona, por su relación con la dominación. Pero el poder también se relaciona con cómo reaccionamos al estrés.

Entonces, al saber que la mente puede inducir cambios en el cuerpo, algunos expertos se preguntaron si es posible que también el cuerpo haga cambiar la mente, es decir cambios en nuestros pensamientos o sentimientos y decidieron realizar un experimento. Solicitaron a un grupo de personas asumir posiciones durante dos minutos. Ya sea de poder o de debilidad y descubrieron que esos 2 minutos son suficientes para producir cambios hormonales que configuren el cerebro para hacerlo positivo, seguro, cómodo; o bien, estresado. Así que, parece ser que nuestras expresiones no verbales pueden regir cómo nos vemos a nosotros mismos. También el cuerpo puede hacer cambiar la mente.

Esas “posturas de poder” —mostrar una actitud de seguridad, aún sintiéndose inseguro— pueden alterar los niveles cerebrales de testosterona y cortisol, e incluso, mejorar nuestras probabilidades de éxito.

De acuerdo con la psicóloga Amy Cuddy: “el cuerpo puede afectar la mente, la mente puede afectar el comportamiento y el comportamiento puede alterar los resultados”. Pequeños retoques pueden llevar a grandes cambios. Eso sucede en 2 minutos. Así que, antes de la próxima situación estresante, durante 2 minutos, trata de asumir una posición de poder, en el ascensor, en el baño, en tu escritorio a puerta cerrada. Permanece de pie con las manos sobre una mesa y ligeramente reclinado hacia adelante, con las manos en las caderas o sentado con la espalda y los hombros erguidos. (Fuente: “Amy Cuddy. El lenguaje corporal moldea nuestra identidad”, uno de los TED talks más vistos de todos los tiempos).

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Configura tu cerebro para lograr lo mejor de cada situación. Hay que elevar la testosterona y bajar el cortisol. No salgas de esa situación pensando que no mostraste lo que eres. Sal de esa situación sintiendo que has dicho quién eres y lo has demostrado.

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