Todo método tiene sus secretos, y la lectura rápida no es menos.

Leer rápido es un reto que se compone de multitud de piezas pequeñas, con trucos y técnicas que van ayudándote a mejorar diferentes aspectos. Y como conjunto, hay que trabajar todas sus variantes.

Un error muy común es quedarse sólo en la ‘velocidad’, el aspecto más conocido de la lectura rápida. Es lo más llamativo, pero a la larga también poco útil.

¿De qué sirve leer muy rápido si uno no comprende del todo? ¿O para qué sirve comprender bien si a la larga lo olvidas?

Hoy vamos a ver punto por punto las 3 Claves Fundamentales para ser un lector rápido de primera, y cómo trabajarlas.

 

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Velocidad

Cuando hablamos de velocidad debemos pensar en dos cosas casi de inmediato: guía y voz interior.

Son los dos factores más nombrados porque su aplicación resulta en un incremento muy notable en la lectura. Pero hoy quiero incluir otras tres claves que te ayudarán a mejorar la velocidad:

 

1. Evita adivinar

A veces, cuando lees, tus ojos captan una fracción de la palabra y automáticamente deducen lo que es sin llegar a terminar de ‘ver’.

Este error tan común que se produce cuando intentamos aumentar la velocidad se llama adivinación y a veces da más problemas de los que resuelve. Causa que tengas que releer, perdiendo tiempo y concentración.

Es una derivación de fijaciones pobres, queriendo ir por encima de nuestro nivel logrando que identifiquemos mal los símbolos que forman las palabras.

Para solucionarlo, es conveniente que trabajes haciendo varias fijaciones por línea y vayas reduciendo el número poco a poco.

 

2. Objetivos claros

¿Tienes claras las preguntas que necesitas obtener del texto? ¿Es un libro que has escogido por placer y estás siguiendo la trama? O por el contrario, ¿estás haciendo un resumen para estudiar más tarde?

Uno de los errores más comunes es la falta de claridad, lo que entorpece a su vez el tiempo que tardamos en llegar a nuestro objetivo. No es lo mismo dar vueltas por una ciudad esperando encontrar algo que coger un mapa e ir directamente a los puntos de interés.

A veces, sobre todo con las novelas, es cierto que lo único que quieres es ‘dar un paseo’ y disfrutar del ambiente. Pero en otras ocasiones, sobre todo en los entornos en los que se aplica la lectura rápida, se tiene un objetivo principal.

 

3. No muevas los labios ni la cabeza

Los movimientos inconscientes y repetitivos no son una ayuda.

Hay gente que cree que moviendo la cabeza ayudas a que la vista se adapte mejor, pero lo cierto es que no. Lo que hay que trabajar son los movimientos de los ojos y las fijaciones, que son mucho más rápidos y precisos.

En cuanto a los labios, es un acto reflejo que va muy ligado al silabeo y que, como este, es innecesario y te hace perder tiempo. La velocidad consiste en transformar las palabras en información instantánea que nuestro cerebro recoge, y mover los labios ralentiza este proceso ya que a 1.000 palabras por minuto, no te da tiempo a leer. Sólo puedes interpretar.

 

Comprensión

Uno de los argumentos más usados contra la lectura rápida es la falta de comprensión.

Muchos dicen que si se lee tan rápido es imposible comprender el texto en su totalidad. Y si bien no están equivocados del todo, tampoco tienen toda la razón.

Es normal que alguien que empieza a trabajar la velocidad pierda comprensión durante un tiempo. Tu cerebro no está acostumbrado a procesar imágenes y palabras tan rápido, y tienes que trabajar un hábito que lleva décadas instalado en ti.

Como cualquier otro hábito, romper con ello cuesta y lleva algo de trabajo. Por eso, para esas primeras sesiones es conveniente que uses algunos pequeños ‘trucos’ con los que darle una ayuda extra a tu cerebro para procesar la información.

 

1. Buca el lugar y la hora adecuados

No es lo mismo leer a última hora de la tarde en el salón donde se hace vida familiar y con la tele encendida, que tras la comida con un café en una habitación tranquila.

Cada persona es diferente, no sólo a nivel individual sino respecto a las circunstancias que te rodean. Dentro de tu día a día, es importante que sepas determinar cuándo es un buen momento para tomarse un descanso y cuándo tu mente está más activa y dispuesta a aprender.

Puedes probar varios lugares y horas hasta que des con una que te permita la calma que se necesita.

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2. Skimming y Scanning

Leer por encima y escanear el texto para tener una idea general sobre lo que vamos a leer. Esa es la base de este sencillo truco que te ayudará a retener mucho mejor la información.

Puede que creas que es una pérdida de tiempo, pero el minuto que tardas en repasar el artículo o tema que vas a abordar, reteniendo títulos, palabras subrayadas y la estructura general, te ayudará a que durante tu lectura rápida se multiplique tu comprensión.

Con esta sencilla técnica, hay personas que son capaces de obtener velocidades de lectura superiores a las 1.000 p/m con una capacidad de comprensión que nos sorprendería.

 

3. Haz descansos y programa recompensas

¿Cuántas veces te ha pasado que tenías que estudiar y no has hecho más que retrasar y retrasar el momento de hacerlo?

Tenemos muy malos hábitos de estudio y de lectura. Lo hemos convertido en una obligación, no en un entretenimiento, y es precisamente por eso por lo que tu cerebro suele poner tanta resistencia.

Hay muchos expertos que recomiendan muchas cosas diferentes, pero casi todos coinciden en dos puntos:

Primero, en leer o estudiar por tandas de 20-30 minutos aproximadamente. Esa es la cifra más reconocida durante la que podemos mantener la concentración.

Lo segundo, establece recompensas para que ese hábito se convierta en algo agradable y que a la larga disfrutemos.

 

4. Usa la tecnología que tienes a tu disposición

Vivimos en una época en la que hay una app para todo. Para hacer la compra, para tener recordatorios en el móvil y miles de otras cosas con el fin de hacer nuestro día a día más fácil.

¿Por qué no apoyarnos en el software y la tecnología que tenemos a nuestro alcance?

Estas aplicaciones te permiten llevar siempre la lectura contigo, para que puedas aprovechar ratitos de calma.

AccelaReader: Esta aplicación hará que las palabras parpadeen en la pantalla a la velocidad que tú marques.

Summarize This: Te ayuda a resumir información que no hayas tenido tiempo de leer.

Evernote: sincronizará las notas de todos tus dispositivos (tablet, smartphone, portátil, etc.)

Hay que decir que la mayoría de estas aplicaciones solo funcionan en inglés, pero más de una puedes encontrarla en español.

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Memorización

La memorización es esa gran olvidada.

Seguramente conozcas las técnicas más populares que se enseñan en las escuelas, que se centran sobre todo en extraer información y memorizar a base de repetición en su gran mayoría.

Pero la memoria es una gran aliada que tratada de la forma correcta, puede ayudarte enormemente.

 

1. Usa la imaginación

Seguro que conoces las técnicas mnemotécnicas, donde creas ‘historias’ para memorizar algunas palabras.

Esta técnica es un arma muy poderosa pero que lamentablemente sólo se queda en la superficie. La imaginación y la creatividad te pueden ayudar enormemente a desarrollar esa capacidad ‘adormecida’.

Estimulando el cerebro, transformando el aprender en un juego, logras que la mente trabaje a tu favor y no en tu contra. Eso es algo que estamos explorando ampliamente y con muy buenos resultados en Memoria Ágil.

Para viajar lejos no hay mejor nave que la lectura

 

2. Mapas Mentales

A la hora de estudiar, crear mapas mentales efectivos y que activen tu imaginación no sólo te puede ayudar a memorizar la información, sino también a interiorizarla y usarla cuando sea necesario.

Desarrollar una herramienta efectiva con la que ‘almacenar’ información es tan importante como comprenderla bien. Son dos cosas que van parejas y que cuando se combinan funcionan de maravilla.

Organiza la información de forma adecuada, usando un patrón de colores y formas, para que te sea más fácil memorizarla.

 

Este pequeño resumen engloba técnicas útiles para reforzar los tres pilares de la lectura rápida: velocidad, memoria y comprensión. Seguro que conoces varias de ellas pero no las aplicas en una misma sesión.

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